martes, 16 de marzo de 2021

NO ES SÓLO CUESTIÓN DE NORMAS, ES CUESTIÓN DE DEMOCRACIA (IIª PARTE)



Lo fundamental para tener una "buena salud" democrática es tener una actitud de respeto por las herramientas que nos damos para nuestra convivencia pacífica, saber los límites entre "querer" o "poder hacer alguna cosa" es decir, podemos querer llevar a la ciudadanía hacia un proyecto que puede ser bueno o malo, cosa que en muchas ocasiones es por desgracia algo subjetivo, la forma de saber hasta donde podemos extender nuestro proyecto, si este es inclusivo en gran parte a la población, en una pequeña parte o a una minoría, sabiendo esto podremos deducir que el proyecto es realizable y de algún modo positivo para el conjunto de la sociedad, en el caso es que resulta inclusivo en gran parte, pero no es suficiente para ponerlo en marcha.

La Constitución de 1978, nos daba por primera vez en casi 40 años un proyecto inclusivo para la inmensa mayoría de la sociedad, pues permitió la legalización de ideologías, hasta entonces prohibidas o limitadas. Lo más grande del proyecto constitucional es que hizo posible que fuerzas políticas que hasta hace tres años atrás lo eran todo, me refiero a los partidos falangistas o pseudofalagistas o lo que es lo mismo, los partidos adictos al régimen de Franco, compitieran con las mismas "armas" en las sucesivas elecciones y el referéndum, con el que se le dio la voz a la toda la ciudadanía, con edad para votar, para decidir si querían recuperar el régimen democrático.

Han pasado 43 años de aquella gesta, por la cual, los españoles recuperábamos un marco de convivencia democrático, nuevo, algunos hubieran preferido que se volviera o mejor dicho se recuperarse la IIª República, es decir una ruptura con el pasado más reciente de nuestra historia, pero era el momento de darnos una oportunidad.

La longevidad de nuestra Constitución, no la invalida para seguir marcando nuestro "modus operandi", pero si que sería bueno adaptarla a la situación actual o reformar aquello que realmente no funciona tal como se intentó hace 43 que funcionase, me refiero a la división de poderes.

En la primera parte, me referí a la aptitud de quienes representan a esos poderes, podemos decir que los tres poderes tienen su parte de responsabilidad en la degradación de la convivencia, pero eso no significa que el Poder Judicial, sea el que más haya hecho factible esa degradación, al menos desde mi punto de vista.

Se suponía que debería de haber una verdadera separación de poderes, pero la propia Constitución no pone bien los límites entre unos y otros, de ahí que un presidente pueda decir (erróneamente ) "¿De quien depende la Fiscalía, de quien? pues eso" dando a entender que la Fiscalía hará lo que el gobierno quiera que haga.

Hay que dejar claro, que el Ministerio Público o Fiscalía, tiene el deber sagrado de vigilar la legalidad de la aplicación de las leyes o normas que se aplican, o bien velar en última instancia de la constitucionalidad de los actos políticos, normativos o administrativos. Que la Fiscalía General del Estado sea nombrado por el Rey, a propuesta del Gobierno, oído el Consejo General del Poder Judicial, tal como lo ordena la propia Carta Magna, no quiere decir que esté a las ordenes del Presidente del Gobierno, pero la mala interpretación de la norma constitucional, puede dar lugar a crear un ambiente poco favorecedor del sistema democrático, que exige una separación de poderes.

No quiero hacer demasiado larga esta entrada, la dejaré aquí por el momento e intentaré terminar en la IIIª y última parte.

  

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